OJO CRÍTICO

Actualizado: 24 de dic de 2019


Camino la ciudad bulliciosa, como siempre vestida de humo, árboles lejanos que hace tiempo borraron su silueta, callejuelas y pasajes de un color.

Transeúntes ocultos en escalas movedizas. Veo muros arañados por la mano de un pintor, que nos hablan un lenguaje incoherente.

Afiches gigantescos de bocas luminosas nos miran desde el muro.

Un coro de bocinas traspasa la línea demencial.

Cubos vacíos encubren esquinas tenebrosas.

Las torres con sus miles de ventanas se tapan los oídos, algo quieren decir,

que baje el decibel en las veredas, o vaciarán pintura negra en las cabezas.

Dos perros se encuentran frente a frente en un mismo territorio,

fieros se tocan la nariz y blanquean los colmillos; al cabo de un instante,

cada uno por su lado, hay que desplegar las estrategias,

es mejor socializar en la ciudad. Total, sacando cuentas,

los dos comerán del mismo desperdicio. Solo la veleta de la torre de la iglesia, impasible, se deja llevar por su vaivén, ve pasar el tiempo,

no envejece, ni le importa el ritmo acelerado de los otros.



Escrito por:

Helena-Herrera-Riquelme



#Ciudad #Crítica

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