YUNGAY: UN MITO EN EL BARRIO DEL ROTO CHILENO

Actualizado: feb 26


EL CHANCHO SEIS


Nuestro recorrido nos llevó esta vez hasta uno de los locales más populares del viejo Yungay. Con una tradición que ya supera las dos décadas, el Chancho Seis es por excelencia uno de los lugares más frecuentado por el círculo bohemio e intelectual de Santiago y que, pese a los cambios y adaptaciones que ha sufrido con el tiempo, sigue manteniendo la esencia por la cual se ha hecho de un nombre y un espacio en el corazón de los vecinos, visitantes y turistas que lo frecuentan.


Seguimos nuestra ruta por el viejo y querido Yungay, esta vez para conocer un verdadero mito. Caminamos por calle Matucana frente a la Quinta Normal y rodeamos el hospital San Juan de Dios para ingresar por calle Huérfanos hacia el oriente. Por supuesto, lo primero que nos llama la atención es el puente que une la torre hospitalaria con la ex posta tres, así como también la cantidad de carpas que se ubican a un costado del edificio mayor, que no se sabe si albergan inmigrantes, familiares de pacientes o simplemente gente que carece de un lugar donde habitar y ubica sus carpas como si se tratase de un centro de veraneo.


Continuamos nuestra ruta. Frente a nosotros encontramos un edificio gris, como sacado de otra época, que da la impresión de estar abandonado; sin embargo, la ropa tendida en los balcones y los carteles que piden la liberación de la machi Francisca Linconao, acusan que en esa fantasmal construcción hay vida. Atravesamos calle Herrera y, a mitad de cuadra, nos encontramos con uno de los sitios más hermosos de Yungay: el pasaje Adriana Cousiño. A tan solo uno metros de distancia de aquel paradisiaco paisaje, está ubicado el mítico restorán El Chancho Seis, una leyenda viviente, que recuerdo haber escuchado en conversaciones de grande, cuando apenas era un púber.


Una vez allí nos recibe su propietario, Juan Carlos Ramírez, una persona con un amplio bagaje en el mundo de la cultura: escritor, poeta, actor, escenógrafo y pintor; Juan Carlos es un hombre que, desde su juventud, ha estado ligado al mundo de las artes. Junto a un grupo de amigos, vendía poemas en la calle en formato de trípticos. En una de las compañías de teatro en las que participó como escenógrafo, técnico y actor, tuvo la maravillosa posibilidad de recorrer Latinoamérica, Europa y por supuesto, también nuestro país. Todo hasta que se hizo cargo del local al cual le dio ese sello. Sentado en las mesas que se ubican en el exterior, Juan Carlos comienza a contarnos la historia de El Chancho Seis.


Una carta de triunfo


Parte aclarándonos que la historia del local se divide en dos. Antes de Juan Carlos, y desde que él se hizo dueño del local y de la marca. “Hay dos historias paralelas. Una es la primitiva, de un lugar que nació bajo el alero de una cantina donde venía la gente de la feria, los viejos chicheros, cañeros, un lugar que antiguamente se conocía como cantina y en donde se jugaba cacho y dominó. Con el tiempo fue pasando de mano en mano y cambió de nombre aunque la gente le siguió llamando chancho seis, pero era eso, un restorán bien popular, bien a lo pobre y humilde, sin ningún tipo de onda o de color, nada. Así lo veía yo; nada que por onda o estéticamente te hiciera imaginar algo”.


Cuenta Juan Carlos que conoció el local con otro nombre, pero como el Chancho Seis estaba tan arraigado en la memoria colectiva, cuando se hizo propietario decidió retomar ese nombre, ya que, el sentido que él imaginaba con aquella nomenclatura distaba mucho de un porcino, sino que hacía referencia a la carta de triunfo del dominó. “No hallaba qué nombre ponerle y le puse el chancho seis porque se me vino a la mente algo como la carta de triunfo. Lo que le pasa a uno cuando juega dominó y se tiene el doble seis, una carta de triunfo, entonces asumí eso como algo de la suerte y empecé con eso, lo que nunca tuvo que ver con un chancho”.

Explica también que: “La gente siempre pensaba que aquí se cocinaba cerdo, que se hacían parrilladas, especialidades en chancho chileno; nada que ver. Me costó mucho sacar esa idea, porque las personas dibujaban chanchos cuando hacían afiches para eventos literarios o lo que fuera. Me costó erradicarlo, porque mi concepto era otro, era una carta de triunfo, del azar de la vida, no un animal”.


Su ligazón con el mundo cultural, principalmente literario, estuvo presente desde sus comienzos. En su amplio recorrido por el mundo de la cultura desarrollándose como escritor, poeta, escenógrafo y actor, desde siempre quiso darle ese sello a su local. “Había un chico que tenía un taller de literatura que impartía en otro lugar. Preguntaron si lo podía hacer acá y yo les dije que sí, y ahí empezó una amistad entre el mundo literario joven y el Chancho Seis. Se organizó la primera lectura, después se lanzaron otras cosas y así se fue armando todo un vínculo literario con la gente joven de la época”. De eso ya ha pasado casi una década, aunque el local lleva funcionando alrededor de veinte años. “Se armó un cuento literario que funcionaba todos los viernes”.


Pero el hecho de venir del mundo de las artes y las letras le jugó una mala pasada. Por su inexperiencia y poco conocimiento de las leyes, realizaba eventos literarios, musicales y distintos tipos de performances, en los cuales vendía cervezas de litro, lo que daba pie para que ocurrieran todo tipo de situaciones. Más tarde comprendió que debía ser más cuidadoso con la venta de licores en los eventos, pero a pesar de algunos malos ratos, se muestra nostálgico. “Era muy lindo y muy romántico lo que pasaba, había una cosa de amistad familiar, tenía mucha onda y mucha hermosura. Se hizo famoso el local por eso”.


Pese al ambiente que se generaba en el recinto, a Juan Carlos nunca le gustó que le llamaran picada. “Yo creo que tiene que ver más con el antro, con la taberna antigua de la poesía, en este país y en otros países. Quizás en la parte social sí fuera muy parecida, el medio, pero en términos culturales tiene que ver más con la cantina, el bar, la taberna, con el intelectual que tiene pocas lucas, que quieren tomar y conversar con alguien”.


Ramírez recuerda con mucha nostalgia ese momento o esa etapa del local, destacando que más que un bar, tenía las características de una plaza pública. “Era bonito porque era muy amistoso, porque con todos con quienes te encontrabas te saludabas. Todos se hicieron muy amigos, todos se querían, todos pololeaban entre ellos. Entonces se fue haciendo bien popular en ese sentido, había mucho amor. Acá nacían amores, terminaban y nacían otros nuevos. Era más una plaza que un local comercial; una plaza de barrio donde la gente se juntaba. Si yo lo acercara a algún tipo de rubro, ya no sería una cantina, sino una taberna de poetas antiguos”.


Pero como nada es para siempre, las exigencias le obligaron a reinventarse. Ese desconocimiento del rubro fue dando paso a un montón de anomalías que lo llevarían a tomar una drástica decisión: “Con el tiempo este tema para mí se fue complicando, porque llegó carabineros y empezó a sacar partes. Cada día venían más seguido y los partes casi me llevaron a la quiebra. Lo que se me informó, fue que debía hacer lo que la patente decía: restorán. Si no hacía eso, el local se iba a acabar, lo iban a clausurar y nos íbamos a tener que ir, porque no tenía ni un bar ni una cantina; era un restorán”.


Un nuevo juego


Pero esa complicación pronto se transformó en una oportunidad. Había que reinventarse y reinventar el local sin hacer que este perdiera su esencia. Esta renovación del concepto, por supuesto, no dejó contentos a todos los fieles parroquianos. “Tuve muchas críticas del ambiente debido a que pensaban que lo había hecho de cuico, que me había puesto fascista. Típico que siempre te dicen eso, pero era un cambio que era necesario hacer, o me restaba poca vida como locatario; y fue bueno, porque se salvó el local”.


Si bien dejó de ser esa taberna a la cual hacía referencia anteriormente, y las actividades culturales se empezaron a hacer con menos periodicidad, El Chanco Seis no perdió su esencia. Pero las cosas cambiaron. Ya no había cervezas de litro y se optó por idear una propuesta gastronómica orientada principalmente hacia el público vegano/vegetariano. “Esta variación pasó por crear una propuesta gastronómica con pizzas artesanales, vegetarianas y comida vegana, para no cocinar nunca más carne”.


Así mismo, según nos comenta Juan Carlos: “El público maduró, sigue viniendo gente del mundo intelectual y de la cultura, pero con otra mirada, porque ya sabe que tiene que comer, invitar a su mujer, a la polola, o a su amigo y viene en otra onda; y ese público joven que no tiene lucas, que anda casi en la calle, como algunos poetas, tuvo que buscar otros lugares. Algunos maduraron, estudiaron, trabajaron y volvieron. Pero mi concepto cambió: mi negocio es mi trabajo y mi trabajo tiene que darme para vivir. Yo no tengo casa, ni auto, ni casa en la playa, pero mi trabajo debe darme para vivir y para eso mi negocio debe funcionar como negocio, no como centro cultural”. Señaló categóricamente.


Las lecturas y encuentros ya dejaron de estar bajo su alero y organización. A cambio de eso, hoy acepta propuestas foráneas en las cuales sean las mismas personas quienes organicen. “Desde ese tiempo yo no organizo más lecturas, antes organizaba muchas lecturas y encuentros, no había un viernes o un sábado que no se hiciera algo, pero desde que nos reinventamos, no las organicé más”. Comenta además que las personas ahora se acercan a él para solicitarle una fecha. De esta manera se han hecho lanzamientos, encuentros, fiestas, tocatas y otras instancias artísticas una o dos veces al mes con gente organizada, seria y responsable.


Una de las actividades que ha marcado el sello desde los inicios del Chancho Seis es el cuentacuentos, que hasta el día de hoy se sigue realizando. “Sigue viniendo la gente del cuentacuentos, que aunque quisiera desprenderme de ellos, no puedo; forman parte de mi mundo, yo vengo del mundo de la cultura. La gente me busca porque mis amigos y mi círculo son del ambiente literario. Me buscan y llegan igual, pero con propuestas un poco más maduras”.


En cuanto al público que visita el Chancho Seis, Ramírez nos cuenta que se trata de quienes conocen su propuesta, que han oído de esta por ahí o llegan por algún dato. Por esa razón, es bastante común ver gente que llega desde distintos puntos de Santiago, turistas y, en poca cantidad, también vecinos del sector. “Normalmente el público es el que gusta del Chancho Seis. Los vecinos serán quizás el diez por ciento, pero aquí viene gente que gusta de la comida vegana, que los sándwiches sean sanos, ricos y que tengan sabor. Que quieren acompañarlo de una cerveza artesanal, de un terremoto. El público puede venir de Gran Avenida, La Reina o del Barrio Brasil, no todos son vecinos, porque si tú te das cuenta, no hay locales nocturnos donde se coma comida vegetariana o vegana, entonces vienen comensales de lejos porque los otros locales cierran como a las ocho o a las seis”.


Juan Carlos comenta que, curiosamente, el local ha hecho coincidir una multiplicidad de géneros y estilos en un ambiente lleno de diversidad y pluralismo. “Este local permite hacer coincidir conjuntamente al público heterosexual, transexual y homosexual. Todos los géneros acá caben, a diferencia con otros locales. Sin ser un bar gay, viene mucha gente gay a nuestros encuentros y eso también lo hace distinto”.


El Encanto de Yungay


Avanza la conversación, y uno de los garzones pone en nuestra mesa un gran vaso de jugo de frutilla natural, una de las especialidades de la casa, para acompañar las delicias que ofrece. Mientras degustamos, preguntamos a Juan Carlos a qué atribuye él el encanto que tiene el barrio Yungay que atrae tanta gente. “Yo creo que les gusta porque ven vida, ven gente caminando, que se saluda, que hay inmigrantes en todas sus diversidades, que hay plazas con niños, que conserva la vida de barrio. También que hay casas antiguas muy elegantes con viviendas antiguas muy pobres a cinco metros de distancia. Las clases sociales están muy fusionadas y nos miramos, nos saludamos. Hay roces, como en todos los barrios, y los hay porque nos topamos mucho y existe mucha diversidad, mucha gente relacionada con la cultura más under y otra relacionada con el mundo de la cultura más cuicona, lo que provoca que se genere más de un desacuerdo; pero es porque se trata de un barrio con mucha diversidad”.


Luego de terminar nuestros refrescos, nos ponemos de pie y nos despedimos para continuar con el recorrido por el viejo y querido barrio, después de haber tenido una cita con uno de los mitos vivientes de Yungay, El Chancho Seis.

Escrito por:

Rodrigo-Rocha-Flores

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