EL ANDÉN DE YUNGAY

Actualizado: feb 26



DONDE LA CULTURA Y LA BUENA MESA SE UNEN EN UNA MEZCLA PERFECTA


Continuando nuestro recorrido por el viejo y querido Yungay, detuvimos nuestro viaje en el Andén de Yungay; un lugar con un marcado sello cultural que incluye actividades en las distintas disciplinas artísticas, todo mezclado con una innovadora carta que mezcla lo mejor de los sabores chilenos, con un toque francés.


El nacimiento del barrio Yungay está íntimamente ligado con la llegada de los trenes a Santiago, único medio de transporte existente a mediados del siglo XIX y principios del XX. Al caminar por sus calles, podemos notar que aún se mantienen los rieles y líneas por donde transitaba el “caballo de metal”, como lo bautizara el cantautor popular conocido como Monteaguilino.


Precisamente, el barrio albergó una estación con su mismo nombre dada la cercanía que había con la estación central, que era parada obligada para los trenes que se dirigían desde Santiago hacia otros puntos de la región Metropolitana.


Aunque su nombre no nace precisamente para recordar esa tradición ferroviaria, que por años significó la forma de movilizarse que tenían los yungayinos, El Andén de Yungay hace un guiño a ese elemento patrimonial que tiene el barrio, sobre todo porque desde sus inicios ha sido más que un restobar mezclando sus sabores y aromas con una propuesta cultural que se ha ido haciendo de un nombre, no solo en el barrio, sino en todo Santiago, y que significa una visita obligada por parte de turistas y viajeros, marcando un hito en el círculo de la bohemia cultural capitalina.


El inicio del viaje


Era el año 2008 cuando Alison, una joven de origen francés, llegaba a Chile con una maleta cargada de ilusiones. En su país de origen había estudiado ciencias políticas, especializándose en gestión cultural, y había visto en Chile un campo fértil donde poder desarrollar su pasión. Llegó a nuestro país para hacer un intercambio de prácticas que la llevó a trabajar en un festival de cine, un periódico nacional para francófonos, una fundación y el Centro Cultural Palacio La moneda, entre otras actividades.


Mientras empezaba a armarse de sus primeras armas como profesional en un país lejano, se estacionó en el viejo y querido Yungay en tanto duraba su período de intercambio. Durante este conoció a Eduardo, quien había trabajado en varios restoranes y que en ese entonces tenía un pequeño chiringuito en el barrio. Desde allí comenzaría una amistad que se transformaría en amor y en una de las razones por las cuales decidió retornar a Chile y hoy dar vida al Andén de Yungay.


Pero eso no ocurriría sino hasta el 2012, año en el que Alison decidió volver al país del que se había enamorado para echar raíces y poner a andar su proyecto que en tantas oportunidades había imaginado junto a Eduardo: un restobar con un marcado sello cultural, una carta innovadora que mezclara lo mejor de la cocina francesa y nacional y una programación artística, tanto musical, como de otras disciplinas del arte: poesía, danza, teatro, entre otras expresiones. Así nació el Andén de Yungay, cuyo nombre hace referencia al inicio de un camino que decidieron tomar Alison y Eduardo, pero que también hace referencia a ese pasado ferroviario que aún es posible advertir en las calles del lugar.


“El nombre del Andén de Yungay partió porque claro, estaba la estación, pero antes que todo, fue porque era el principio de un viaje, en una ubicación cosmopolita de muchas partes que se van juntando por un rato, que inician un camino juntos, con eso tiene que ver, y obviamente, con una alusión a la estación del barrio Yungay”, confiesa Alison, sentada en una de las mesas exteriores, en la cual nos recibe cordialmente.


El local, ubicado en calle Esperanza 320, entre Compañía y Huérfanos, si bien partió en 2012, recién en 2013 pudo abrir sus puertas. La patente que lo autorizaba a vender alcohol fue obtenida con mucho esfuerzo el mismo año, por lo que la parte nocturna, que está bajo su alero, lleva funcionando tres años ya. La idea original, nacida de Alison y Eduardo, fue: “Hacer un bar restorán con un gran enfoque hacia la cultura. El Eduar trabajó en otros restaurantes antes, justamente en la parte de programación cultural. Yo soy gestora cultural, entonces obviamente había un enfoque artístico, más allá de la parte culinaria y la historia de Eduardo, que igual está vinculado con el barrio”, comenta Alison.


La idea de ubicarlo en este sector, nació según ella porque: “Yo viví harto acá cuando estaba en el año de intercambio, el Eduar tenía un local no muy lejos. Nos gustaba harto el barrio Yungay y empezamos a mirar locales. Recuerdo que habíamos visto uno en Bellas Artes, pero cuando vimos este, dijimos ¡está listo! y ahí partió el cuento”.


Pero hay una particularidad no menor en la concepción de El Andén de Yungay, y tiene que ver con la decisión de Alison de mudarse a nuestro país, a todos esos detalles que la hicieron enamorarse de estas tierras del país de la estrella solitaria, y de un habitante de este. “Hay varias cosas, en general la onda de las personas, son como finitas, positivas, eso me gustó y por otro lado igual el tema del emprendimiento, ya que en Francia es muy difícil lanzarse con algo, más que nada por los temas administrativos y también la onda de las personas; allá no se van a lanzar tanto, son más cuadrados, pero a nivel general. Acá es como más “me lanzo y si funciona bien, y si no, bien también. Hay más espíritu emprendedor”.


Un marcado sello cultural


La idea primigenia era hacer de El Andén de Yungay un lugar distinto, con una propuesta innovadora, que mezclara los mejores sabores con un valor agregado que lo hiciera más atrayente a los parroquianos del barrio Yungay. Así abrieron el local, al mismo tiempo que se puso a disposición un calendario con una variopinta programación artística. “Empezamos con música en vivo, talleres de salsa, cueca y micrófono abierto, que ya lleva como dos años y medio. El micrófono abierto es algo que hoy tenemos cada semana con artistas emergentes, cantautores, y bandas que vienen a presentarse. Al principio era “nosotros buscando artistas”, ofreciendo un espacio nuevo, con escenario, donde la gente se pudiera venir a presentar. Como a los dos o tres meses las solicitudes comenzaron a llegar. De a poco el calendario comenzó a hacerse solo”.


Hoy han podido ceder el escenario a artistas emergentes, tanto músicos como actores, poetas y escritores. Así también se han presentado algunos más consagrados como: “Evelyn Cornejo, Tata Barahona, Transporte Urbano y Kaskivano, que tocan en escenarios muy grandes, y después tenemos varios artistas con menor trayectoria. Es un vínculo que se hace acá, por otra persona o porque llegan para ver a alguien más y dicen “se puede tocar acá” o alguien que hace el vínculo, pero de una manera u otra, la gente llega. Es muy poco hoy en día lo que buscamos nosotros. Las redes de los músicos y de los artistas son muy amplias, se van pasando el dato y así se va armando”, comenta Alison.


En cuanto a la presencia de gente, la propietaria del andén señala: “Eso es relativo, hay veces que hay más, otras menos, es relativo. Generalmente la difusión es compartida. En el caso de Evelyn Cornejo, Tata Barahona y Transporte Urbano, tocan en escenarios muy grandes y después vienen a un espacio más íntimo como el que puede ofrecer el Andén, con menos personas, más cercanas, es otra manera de presentarse”.


Relación con el Barrio


Según nos cuenta su propietaria, el local que hoy alberga a El Andén de Yungay, tiene patente comercial desde principios de los años 50. “Antes fue una arrocería, distribuidora de quesos y desde hace varios años, que tiene patente de restorán con distintas ondas igual”. El empaparse de la historia de Yungay y de su patrimonio, les hizo dar cuenta de la importancia de las organizaciones sociales y de la participación activa de los vecinos en los temas que tiene relación con el barrio.


Por esta razón, Alison comenta: “Cuando llegamos, sabíamos la importancia que tenían los trabajos que se hacían con las juntas de vecinos, súper potente en el tema del patrimonio, por eso, cuando llegamos nos comunicamos con Pepe Osorio y Rosario Carvajal, para presentarles el proyecto y presentarnos nosotros, para decirle un poco lo que queríamos hacer y para saber qué tipo de relaciones se entretejían entre las organizaciones y los vecinos del barrio, y de a poquito empezamos a trabajar con ellos”.


Desde ahí nace una relación que hoy los tiene formando parte de la comisión organizadora de las dos fiestas más importantes del barrio Yungay. “Nosotros particularmente estamos involucrados en la organización de las fiestas del Roto y la fiesta de la Primavera, que son instancias muy participativas por parte de los vecinos y la gente que quiere participar. Nos hacemos cargo de un escenario que se pone acá y ya llevamos cuatro años haciéndolo. Participamos en la producción del evento y en ir a las reuniones, con lo que se puede aportar y entre otros, la gestión, lo que se necesita en el municipio”.


Esto permite una relación muy fluida con las organizaciones sociales del barrio, así como también con los otros locales, un sello que apuesta por la asociación y desecha la competitividad entre los emprendedores. “Nos relacionamos harto con las organizaciones sociales en general. Lo que nos gusta del barrio es que tampoco hay competencia entre los emprendedores del sector, tú ves que está La Gárgola, con quienes tenemos una relación muy sana, nos apoyamos si necesitamos algo”.


Un barrio que encanta


Para Alison, el atractivo que genera Yungay para cautivar a tanta gente, incluida a ella, es: “Justamente la vida de barrio, el turista que viene para acá. Está el eje de Matucana, con todos los museos y los pasajes, que son muy bonitos. Toda esa parte estética de Yungay donde no tienes torres a cada cuadra, donde todavía se rescata una vida de barrio. Es también muy cosmopolita y grande, lo que le da un toque interesante. En los locales hay mucha onda, muchos lugares culturales, lo que se llama la bohemia cultural, donde sí hay personas que van y que carretean, pero en un concierto, una obra de teatro, un lugar donde vas a poder compartir con gente de todas las edades. Y después, viviendo acá, los procesos participativos del barrio, que lo encuentro genial”.


Sobre su primera experiencia participando de las festividades que se organizan en Yungay, Alison confiesa: “Quedé muy impactada de que una fiesta así pudiera juntar sesenta o setenta vecinos, donde cada uno aporta con alguna cosa. A uno se le sensibiliza con el tema comunitario y nosotros hoy en día también tratamos de ser partícipes de ello. Acá tratamos de ayudarnos y de cuidarnos entre vecinos, el tema de organizarnos en torno a nuestro buen vivir De eso se trata de mantener ese proceso comunitario, ahí nos conocemos entre los mismos vecinos”.


Francia y los artistas


Alison nos cuenta que en su país de origen las cosas funcionan de manera distinta, tanto para los artistas como en los circuitos culturales. Bajo el concepto de Café concert, hay varios locales, señala: “Tú te encuentras con música en vivo, así como hay otros que no tiene nada en especial, pero es algo que se da harto y aquí también, aquí no creo que sea tan distinto”. Sin embargo, confiesa que hay políticas públicas de índole cultural que están ausentes en Chile. “Lo que pasa es que en Francia hay políticas públicas culturales: el Estado está presente en el aspecto cultural, los artistas tienen protección social aparte, se les reconoce que son intermitentes en el espectáculo, que pueden trabajar por proyectos. Tienen leyes que los protegen pero que tampoco son perfectas, allá también se critican, pero comparados a la situación de los músicos y los artistas en Chile, es totalmente distinto. Partiendo por el 20% en la radio. En Francia la cuota es de 40%, es una protección de la cultura a nivel nacional, de las creaciones, que es mucho mayor, y digamos que hay mucha más plata invertida en la cultura. Acá hay hartos artistas, pero se valora menos por parte del Estado, entonces es mucho más difícil vivir de la música.


Acá se está hablando de la creación del Ministerio de Cultura, bastante tarde, pero ya tampoco puede empeorar, o sea, la gestión cultural aquí tiene mucho que ver con los fondos, entonces es súper difícil tener cosas a largo plazo, no te puedes imaginar con proyectos a diez años y dices ojalá nos den la plata el otro año y poder seguir haciéndolo. O te ganas el fondo o te tienes que autogestionar”, sentencia.

Pasajeros del Andén


Respecto a los visitantes, quienes tal como nosotros hacen una detención en el Andén para disfrutar del arte y degustar los sabores que ofrece, Alison comenta: “El espectro es bien amplio. El público que nosotros tenemos está compuesto por hartos vecinos y amigos, en general de todas las edades, oscilando entre veinticinco y sesenta años más o menos, pero hay en realidad de todo. Por lo general es gente piola, que viene a tomar algo, escuchar algo de música, ver teatro y participar del baile. Después tienes el público del artista, entonces ahí va dependiendo del estilo de música que se presenta o la banda y ahí van saliendo cosas distintas. El público del micrófono abierto es un público más joven, más del barrio. Cuando hay boleros o tango, ya hay gente mayor. Acá también viene la familia. Hicimos un taller de danza árabe, en el que la academia vino a presentarse con toda su familia. Es como bien amplio, para todo público.

Durante el día, de lunes a viernes, los visitantes podrán encontrarse con almuerzos, colaciones, comida chilena casera, mientras que a partir de las cinco tenemos cafetería, happy hour y el bar. La especialidad de la casa son los crep, que son como panqueques, pero franceses, dulces o salados. Además tenemos cata de cafetería, capuccinos, late, varios tragos, tablas para picar y ahora en el verano vamos a lanzar la carta nueva”. Todo esto es parte del horario nocturno del Andén.


Sobre su propuesta cultural, Alison señala: “En el andén tenemos una programación cultural de martes a sábado. Todos los días hay algo, todos los martes tenemos el micrófono abierto, los miércoles las clases de salsa y jueves, viernes y sábado va variando, no es que tengamos todos esos días algo, sino que siempre decimos que deben consultar la página de Facebook y ver lo que les gusta. Igual se debe considerar que no estamos en Bellavista, por lo que tenemos fichas técnicas reducidas y eso fue algo que fuimos aprendiendo con el tiempo. Hacemos cosas más acústicas, como trova, tango y folklore”.


El protocolo de reclutamiento de artistas, o bien, de solicitud para presentarse es bastante simple. “La mayoría de los artistas se acercan a través del facebook o el correo electrónico solicitando una fecha y nuestro requisito es que pasen por el Andén, para que conozcan el lugar, nos conozcan a nosotros, el espacio y de ahí conversar sobre la ficha técnica, qué tipo de show quieren hacer para saber justamente si es compatible o no y de ahí agendar una fecha con anticipación. Por ejemplo, ahora estamos agendando el verano y por ende se reserva con dos o tres meses de anticipación cada fecha. Dos o tres semanas antes se va confirmando y hay difusión compartida”


En el caso de extranjeros o de artistas que vienen de fuera de Santiago, Alison comenta: “En esas ocasiones se hacen excepciones, se manda el material que más se acerque al formato de presentación por correo”.


El reloj marca las ocho y el tren que hoy nos trajo a conocer este Andén está pronto a partir. “Los invitamos a conectarse con nuestro Facebook y a revisar la programación para que vean qué estilo a nivel cultural les interesa. Tenemos una programación bien diversa así que hay para todos los gustos”, nos incita Alison, antes de emprender nuestra retirada, para seguir conociendo más de un lugar que no deja de sorprendernos; el viejo y querido Barrio Yungay.

Escrito por:

Rodrigo-Rocha-Flores

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