YUNGAY: ESPACIO GÁRGOLA

Actualizado: feb 26



ESPACIO GÁRGOLA: PIONEROS DEL CÍRCULO BOHEMIO CULTURAL EN YUNGAY


Seguimos recorriendo el barrio del roto chileno. Hoy nos trasladamos a calle Maipú 357, entre Huérfanos y Compañía, para conocer uno de los locales más renombrados dentro del ambiente bohemio de Santiago: Espacio Gárgola.


Nacido en 1998 como un espacio para mostrar trabajos artísticos, diseño y decoración, “La Gárgola”, como es popularmente conocido, se ha transformado en uno de los imperdibles de Yungay, no solo por su oferta gastronómica, sino también por ese ameno ambiente en el que se puede respirar el arte en todas sus expresiones.


Las sorpresas comienzan al ingresar al local; su decoración nos invita a adentrarnos en un lugar donde se vive y respira plenamente el arte. Nos encontramos con letreros al estilo de los utilizados por las micros amarillas, con simpáticas frases como: “me sacaste los choros del canasto”, “lo pillaron con las manos en la masa”, “me lo comería con papas fritas”, entre otras. Nos recibe su propietario, Roberto Baltra Domeyko, quien, según nos contó, es descendiente directo del científico polaco Ignacio Domeyko.


Su historia


El Espacio Gárgola nació en 1998, idea concebida por Roberto Baltra como una forma de mostrar su trabajo como diseñador, forjador y mueblista y donde además aprovechaba de exhibir las novedades que traía de sus viajes por China, Filipinas y otros países de Asia.


En un principio fue contemplado como una galería artística: “Esta es una casa de cuatro pisos y en cada uno había una exposición distinta. Íbamos realizando lanzamientos y, junto con ello, siempre traíamos muebles nuevos, era como mezclar un poco el arte con el diseño”, comenta Baltra.

Posterior a eso comenzaron con un evento que resultó ser el primero de muchos de los que se replicarían cada año: “Se llamaba Deco-moda y duraba tres días -viernes, sábado y domingo-. Venían veinte diseñadores, el día viernes se hacía un desfile, el día sábado un espectáculo en vivo y el domingo había un show para los niños. Todos los días había venta, se mostraba dentro de la casa los espacios nuevos y los muebles, en cada espacio había un diseñador diferente. En ese sentido, fuimos pioneros con las fiestas de diseño”.


Estos eventos siempre estuvieron unidos a la música, además se aprovechaba de hacer los lanzamientos de los artistas que musicalizaban las jornadas, pero siempre quedaba la sensación de que faltaba un elemento unificador en la amalgama artística que Roberto pretendía forjar: “El espacio fue pensado siempre como multifacético dentro del arte, en el diseño, la decoración, la pintura, la escultura, el diseño de vestuario y joyas. Después, obviamente, como hacíamos muchos eventos y a cada uno de estos asistía una gran cantidad de gente, armábamos una cafetería improvisada para poder ofrecer cosas, pero era muy limitado para los requerimientos de los presentes y, ahí naturalmente, surgió la idea de poder hacer el restorán”.


Pero esto no ocurrió sino hasta 2012. Pese a que en 2008 se había planteado la idea, no fue sino cuatro años después que surgió el Espacio Gárgola con restorán incluido: “Como mi madre tenía repostería y mi hermana es cocinera internacional, teníamos toda una tradición; unimos esta con el restorán y la coctelería con el bar, de esta manera se terminó de unir el proyecto”.

No obstante, como espacio dedicado a la promoción y difusión del arte y la cultura, “La Gárgola”, lleva veinte años funcionando: “En el fondo, este lugar está hecho, no solo para los visitantes, sino primeramente para los vecinos, así está reflejado en sus precios; es una oferta bien jugada para el sector, bien completa, pero a un precio razonable, siempre pensando en el vecino. Primero nos gusta tener de clientes a nuestros vecinos y después, bueno, los otros van a caer por sí solos. Pero en general la relación siempre ha sido buena. Este es el espacio en el que se hacen las reuniones de la fiesta del roto chileno, la fiesta de la primavera, un lugar ya reconocido en el barrio”, comenta Roberto Baltra, quien además es presidente de la Corporación “Cultural Barrio Yungay” y tiene a cargo la organización de las cuatro fiestas más importantes del barrio: El aniversario del barrio, el día del patrimonio, la fiesta de la primavera y quizás la más importante de todas: la fiesta del roto chileno.


En cuanto a su clientela, Baltra Domeyko señala que: “Los clientes son mayoritariamente gente que trabaja acá, en el eje cultural de Matucana, la Universidad de Santiago, Matucana 100, la Biblioteca de Santiago, el Artequin, el Museo de la Educación y el Museo de la Memoria, que son clientes habituales. Eso a la hora de almuerzo, después llegan los vecinos, gente que viene de otros lugares y personas que vienen a consumir el producto cultural del sector, enviadas por los mismos encargados de los espacios culturales, quienes les recomiendan el lugar”.


Sobre lo que pueden encontrar quienes visiten el Espacio Gárgola, Roberto enfatiza el sello distintivo que los diferencia del resto de los locales del sector: “Acá todos los muebles son fabricados por nosotros. La tienda es el lugar donde nosotros mostramos los trabajos. Está la casa, que ya por sí sola es muy bonita, una construcción de 1920, cuyo patio interior posee una arquitectura muy particular. La carta es bien variada: ofrece platos basados en la comida chilena, tiene una carta de sándwiches, una de tablas para compartir picoteos y nuestra especialidad: la repostería, puesto que es poco usual que en los restoranes haya una carta tan amplia de repostería como la que tenemos nosotros".


Pero además de la buena mesa, está el sello artístico que lo caracteriza como un espacio multicultural en términos de una escena artística bien variada: “Los días sábados a las nueve, tenemos espectáculos en vivo, siempre con teatro bar, stand up o música. Trabajamos la experiencia no solo con el lugar, sino que con el barrio".

Así es que, si va andar por Yungay por estos días en que muchos se toman vacaciones, más que recomendado es que visite el Espacio Gárgola, un lugar que encanta, no solo por su buena comida, sino también por la experiencia cultural a la que nos invita.


Escrito por:

Rodrigo-Rocha-Flores

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