EMPATÍA VERSUS EGOÍSMO

Actualizado: ene 27


Dos hermanos gemelos, X y Z, caminaban por un camino rural, hablando de las cosas propias de los chicos de su edad, 17 años; minas (entiéndase muchachas), autos, fiestas…, perdón, carrete, por supuesto del profesor que les tiene mala o de lo injusto que fue el viejo o la vieja, término cariñoso para referirse a sus padres, al momento de imponer disciplina y límites.

X era un chico guapo, que rápidamente escalaba cuando de conquistar chicas se trataba, por el contrario Z era un poco más tímido, pero igualmente tierno ante los ojos de las féminas adolescentes con que ellos socializaban. Además, X vivía la vida como se le presentaba, gastaba la plata como si en el bolsillo de su padre hubiera un grifo, vestía a la última moda, jamás se preocupaba de lo que pasaba en el mundo, porque en su realidad eso no lo afectaba, carecía de total empatía por el prójimo ya que su mente estaba ocupada con y en su persona.

Por otro lado, Z era un chico que, si bien vestía a la moda, no vivía preocupado de ella, amaba a su polola, hija de la mejor amiga de su madre, con quien salía cada vez que los estudios y la obras sociales se lo permitían (era voluntario de un Techo para Chile y de la parroquia de su barrio); a diferencia de su hermano, Z no era una lumbrera, pero tenía un buen promedio para estudiar en la Universidad, algo que, al igual que su hermano, no tenía claro, salvo que debía ser del área humanista, no científica como X.

Ese día en particular, los hermanos disfrutaban de unas mini vacaciones en el fundo de su abuelo y habían decidido ir de pesca a un tranque cercano. En algún punto del camino escucharon llantos y gritos de auxilio, Z se puso a otear en tanto X insistía en que continuaran caminando.

-¡Vamos! Los peces nos esperan, y eso va durar hasta que llueva, según el viejo Remigio será en la tarde. ¿Qué te pasa?

-¡Que acaso no escuchas! –le espetó su hermano.

X se quedó mirando a Z y le dijo con el ceño fruncido:

-¿Escuchar qué?

-Los gritos de auxilio. Provienen de la línea del ferrocarril, vamos a mirar.

-Por supuesto que no, si alguien está en problemas seguro que podrá solucionarlo solo… – No alcanzó a terminar la frase cuando Z ya iba corriendo en dirección de la voz. -¡Maldito gusano! No sé para qué lo invito. –X se puso a correr detrás de Z, murmurando groserías y juramentos. –no lo vuelvo a invitar nunca más, siempre me aguó la fiesta, desde chico. Tanto rezo y amistad con el cura lo ha vuelto blandengue.


X estaba por llegar, cuando vio que su hermano estaba con una niña de no más de cuatro o cinco años tratando de sacar el pie que estaba atorado en la vía férrea, el convoy venía a toda velocidad haciendo sonar la sirena. Desesperado, X corrió y con su cuchillo cortó los cordones del zapato y tiró a la pequeña junto con su hermano a un costado del camino justo cuando el tren pasó. Del zapato no quedó más que un amasijo de cuero y goma.

-¡Estás loco! ¿Por qué siempre quieres ser un héroe?, solo vive la vida y ya, deja que los demás solucionen solos sus problemas, no necesitan de San Z para ayudarlos. ¡Mierda! Me acabas de arruinar, una vez más, el día. Vamos para la casa. –X recogió las dos cañas de pescar y con paso que denotaba su enfado se dispuso a volver al fundo, en tanto Z recogía a la niña acunándola en sus brazos.

-¡Ve tú! Iré a dejarla a su casa con su mamá.

-La que debiera haberla estado vigilando.

-Tienes razón, pero ya está hecho. Ella necesita de su madre ahora.

-Supongo que tú sabes dónde vive.

-Es la hija de la lavandera. Vamos, no nos demoraremos, y si aún quieres, podremos pescar.

De mala gana X y nervioso Z, pusieron su plan en marcha. En cuanto la madre vio a su llorosa hija y X de mal modo le contó lo sucedido, abrazó a ambos hermanos y les dio las gracias invitándolos a pasar un rato, pero ambos declinaron porque se les hacía tarde. De regreso al camino, Z no pudo reprimir su pregunta.

-¿Qué se siente haber ayudado?

-¿De qué hablas?

-Si no hubieras corrido y cortado los cordones para sacar a la niña, ambos seguramente estaríamos muertos. Se siente bien, ¿no?

Una vez más, la falta de empatía de X le hizo responder.

-No lo hice por el bien de ustedes dos, lo hice porque ¿cómo les explico a mi papá y al abuelo que su nieto regalón está en la vía férrea convertido en puré y yo no hice nada?, ni por ti ni por nadie pongo mis garantías económicas en riesgo. Mejor camina y no te atrevas a contarle a nadie lo que pasó, porque yo voy a negarlo.

Escrito por:

P.-G.-Morgan

#Empatía #Egoísmo #Hermanos

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