LAS PIEDRAS

Actualizado: 18 de dic de 2019


En nuestro andar por este mundo, siendo aún pequeños, vamos juntando piedras de diversos tamaños, texturas y colores. Nos entretenemos y jugamos con ellas. Las tomamos, las dejamos olvidadas, para más tarde seguir jugando.


Un día, nuestro juego cambia y vemos que podemos armar figuras y construir, pero todavía son montículos sin sentido. No es tiempo aún del juego de verdad.


Y ese día llega, de improviso y sin avisar. Pero nuestras piedras ya no son tan divertidas; están gastadas y opacas además de escasas, sin embargo, son las únicas que tenemos y con ellas tendremos que construir nuestra vida y la de nuestros hijos.


El temor y la duda nos embargan. ¿Serán suficientes? Miramos alrededor y vemos que hay otros que tienen más. Tambaleamos y quisiéramos abandonar el juego.


De pronto, otro día cualquiera, se sienta a nuestro lado una compañera. Quiere jugar. Ella trae también sus piedras. Quizás no son tan numerosas, pero son mejores; y calzan precisamente donde hacía falta. Entonces, construimos, lentamente y con esfuerzo. A veces ruedan piedras hacia abajo, pero volvemos a colocarlas. Nuestra obra va tomando forma y sentido.


Cuando viene la fatiga, ella alienta, apoya y aporta con otra piedra.


Finalmente, tenemos hoy una hermosa torre, pequeña, pero sólida y brilla al sol.


Hemos aceptado el desafío del juego y, aunque aún no lo hemos terminado, podemos estar orgullosos de lo logrado.


Ha sido un esfuerzo grande y ha valido la pena.


Sus piedras y mis piedras resultaron ser valiosas, ahora nuestros hijos ya están juntando y jugando con las suyas y me doy cuenta, con asombro, de que las piedras de ellos son muchísimo mejores que las nuestras. Es la ley de la vida.


Doy gracias a Dios.


Escrito por:

Eduardo-Cristi



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