ENCUENTRO

Actualizado: ene 31


Desde aquel día soy su sombra, donde él va, detrás o a su lado, estoy yo. Somos dos aventureros. Creo que nací en la calle, no tengo recuerdos de mi familia, solo lo reconozco a él y daría mi vida, si fuera necesario, para defenderlo.


Hace mucho tiempo que nos encontramos. Él estaba cabizbajo, caminaba por la misma vereda, se notaba que era un vagabundo igual que yo. Anduve tras él un buen trecho, hasta que giró la cabeza y se fijó en mí.


—Me vienes siguiendo.


No respondí. Fijé mis ojos en el suelo y me detuve. Avanzó unos pasos, yo también.

Entró en un almacén. Al salir, después de un buen rato, sus ojos no eran los mismos, había ternura en ellos. Se sentó en la acera y sacó de un bolso algo para comer. Yo lo miraba a distancia prudente, mi boca se hacía agua. Él adivinó mi hambre y compartió su merienda conmigo, la alcancé en el aire en una fracción de segundo.


—Eres rápido, más que un rayo. Desde ahora seremos amigos. —Acarició mi cabeza.


Continuamos la marcha hasta llegar a un desolado puente oscuro y húmedo. Observé sus torpes movimientos, sus tambaleantes pasos hicieron que cayera de bruces sobre unas raídas frazadas en el inhóspito rincón.


—¡Ven, acércate! ¡Acuéstate a mis pies, para que los entibies!


Esa noche dormí tan plácidamente como él. ¿Sería por su compasión, por el afecto que me brindó? Nunca lo sabré, lo único que sé es que no me separaré de él. Lo cuidaré y defenderé, seré su fiel amigo, él tendrá quien le ladre y le mueva la cola cada día al despertar.

Escrito por:

Patricia-Herrera-Riquelme


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