LA PUBERTAD

Actualizado: 6 de mar de 2019


Es la etapa de la vida en que son más próximos un hombre y una mujer. Los juegos infantiles pasan a transformarse en uno de seducción, atracción divina, natural y pura.



La niña, ante los ojos masculinos, se transforma en la bella princesa y mágicamente el hombre en un príncipe que deja su hostilidad para acercarse amable, cariñoso y amigable. Es la edad del despertar puro, donde nuestro animal se compenetra etéreo con la naturaleza y, por fin, ¡le pertenece!


Sería hermoso que esta unión permaneciera eterna con nosotros. Pero es la etapa donde los prejuicios y temores arraigados en los adultos se traspasan vorazmente a los cachorros humanos.


Un raudal de recomendaciones sobre lo que no le gusta a los hombres del actuar de las mujeres inhibe la espontaneidad intrínseca de ellas; por otro lado, los aprendidos e imitados prejuicios son insertos en el cerebro de los jóvenes, quienes comienzan a practicar lo que ya sabemos; nunca nos ha servido para lograr la anhelada felicidad, falsamente prometida un poco antes en los cuentos infantiles.


Si dejáramos crecer libres a nuestros hijos, tal vez lograríamos lo que tanto deseamos en nuestro dormido, mutilado y atrofiado instinto, que una y otra vez nos conduce a caminos bifurcados, en donde muy pocos logran encontrarse.


El púber es transformado en la copia decadente de la fórmula fracasada una y otra vez.

Escritor por:

Eva Morgado Flores

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