VIDA

Actualizado: feb 28


Ya no queda fulgor en mis ojos. Sin aliento mi cuerpo se extingue vacilante, mi paso cansino busca a tientas el camino seguro. Desierta mi boca de besos suspira la ausencia amada. Los recuerdos se han ido volando, cual bandada de pájaros migrantes se difuminan en densa neblina, llenando mi sueño de temores emergen iguales a fantasmas. Es ajeno mi rostro al espejo en esta soledad infinita. ¿Dónde están los que sonríen desde el cuadro de sepia en la desnuda muralla?


En el clóset solo habitan las polillas que cada noche se visten de gala acudiendo al festín. He dejado la lámpara prendida en noches de insomnio. La imagen de mi sombra es buena compañía, desde la desvencijada ventana contemplo las estrellas inmutables, fieles a su ronda infinita. Nada cambia al parecer, pero todo es renovable; también, cual mariposa monarca, cambiará algún día mi carcasa gastada, volando mi espíritu libre de ataduras vanas, luchas y sueños fallidos. Al fin solos, Cristo mío, sostén y aliento de mi efímera vida, culminas en mí tu voluntad librándome de rebeliones, solo tú calmas mi desasosiego en la espera anhelante de gustar tu presencia; llena mi cántaro vacío, cólmame de tu presencia amada.


Escrito por:

Sonia-Muñoz

#Emociones #Fe #Vida #Tiempo