COSTUMBRES


Tengo la (buena/mala) costumbre de recoger libros viejos y amarillentos que alguien tiró a la basura. El otro día, al lado del container de la basura del edificio donde vivo, encontré tres libros en situación de calle.

Uno era Durante la Reconquista de Alberto Blest Gana, otro Cárcel de mujeres de María Carolina Geel, y el último, una curiosidad: Lenguaje y literatura de tercero medio.

Como quien encuentra trazas de oro en rocas a la orilla de un río, cogí los libros y me los llevé a mi departamento.

¡Bendita cuarentena que me obliga a leer casi todo el día!

En el Texto del estudiante, me encontré con nuestro Premio Nacional de Literatura 2020, Elicura Chihuailaf (¡Enhorabuena!) y una cita de su libro Recado confidencial a los chilenos:

“Imagínense por un instante, ¿qué sucedería si otro Estado entrara a ocupar este lugar y les entregara documentos con una nueva nacionalidad, iniciando la tarea de arreduccionarlos, de imponerles su idioma, de mitificarles su historia, de estigmatizarles su cultura, de discriminarlos por su morenidad? ¿Se reconocerían en ella o continuarían sintiéndose chilenos?”.

Para pensarlo.

Geel me recordó un ensayo que escribió en 1949: Siete escritoras chilenas. Cito:

“Estas reseñas nacieron de un pensamiento de justicia. En mi país la labor literaria de las mujeres es de incontrovertible valor y trascendencia; sin embargo no existe, que yo sepa, un volumen que reúna sus nombres y destaque sus obras”.

Y nombra a Marta Brunet, María Luisa Bombal, Amanda Labarca, María Monvel, Chela Reyes y Gabriela Mistral.

Me quedo pensando. Cincuenta y cuatro premiaciones, solo cinco escritoras y apenas una poeta: Gabriela Mistral en 1951.

A los que boten sus libros les digo: ahí estaré, detrás de ustedes, recogiéndolos.

Escrito por:

Oscar-Lizana


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