¿Cómo escribir historias infantiles?

Acercar a los niños a la literatura es una manera de sembrar en ellos el gusto por los libros. Aunque de lenguaje y estructuras más simples, las historias escritas para niños requieren de mucho tacto; de lo contrario, pecarás a la hora de transmitir una enseñanza forzada o utilizar un lenguaje edulcorado.

La definición de literatura infantil ha cambiado a lo largo de los siglos, pues se relaciona con la concepción que se tiene de la infancia. Por esta razón, algunos libros escritos originalmente para adultos hoy tienen un público más joven, mientras que se afianzan las editoriales, los premios y las publicaciones dirigidas por completo a los niños.

Aunque en la actualidad suele englobarse la literatura infantil y juvenil en una misma categoría, nos atendremos aquí en ofrecer consejos para aquellos textos dedicados a quienes aún no alcanzan la adolescencia.

1. Define el grupo etario

Antes de comenzar a escribir, es recomendable definir a qué edades estará dirigido el texto. Encontrarás distintas clasificaciones de acuerdo con la casa editorial, pero puedes utilizar esta como guía:

  • Hasta 3 años

  • 4 a 6 años

  • 7 a 9 años

  • 10 a 12 años

2. Elección del lenguaje

Seleccionado el grupo etario, escribe teniendo en cuenta cuál será tu público objetivo para utilizar el lenguaje más adecuado. Los niños de 0 a 3 comienzan a conocer el mundo y no leen por si solos, así que resultan adecuados los textos breves, como canciones, poesías y rimas; el objetivo es que sean acompañados por un medio visual.

Entre 4 y 6 años, la lectura es realizada por los padres, mientras el niño aprende a identificar las primeras palabras escritas. Por esta razón, se recomienda un lenguaje sencillo y claro, además de frases cortas.

De 7 a 9 años los niños son capaces de leer por su cuenta. Aún atraviesan el proceso de identificar el significado de las palabras, pero comprenden oraciones más completas y tienen vocabulario.

A partir de los 10 años la complejidad de las historias aumenta, así como también la selección de las palabras.

3. Brevedad

La brevedad es casi una norma en las historias infantiles. Al igual que el lenguaje, los textos ganan extensión a medida que se dirigen a un público mayor, aunque también existen cuentos breves para el grupo etario entre 10 y 12 años.

4. No subestimar

Este es uno de los principales problemas a la hora de escribir para niños. Con frecuencia, se tiende a juzgar que tienen una capacidad cognitiva limitada, pero esto solo deriva en textos sosos con explicaciones superfluas y que nada aportan a la imaginación.

Aunque existen infinidad de cosas que los niños desconocen, el objetivo de la literatura infantil es ayudarlos a descubrir por medio de la creatividad y la curiosidad que ya los caracteriza.

5. Abusar de los diminutivos

Muchas personas hablan con diminutivos a los niños, pero esto no tiene que ser una norma en la escritura. Algunos diminutivos resultan simpáticos en los textos y transmiten detalles específicos que ayudan a comprender; por ejemplo: utilizar “patito” para diferenciar a las aves adultas de los polluelos.

A pesar de esto, el abuso de los diminutivos solo genera un texto pesado y nada literario.

6. Llamar a las cosas por su nombre

Para que la literatura sea realmente didáctica y entretenida, es necesario dar a las cosas el nombre que reciben en la vida real. Aunque son permisibles algunos eufemismos o diminutivos que asemejen el lenguaje utilizado para dirigirse a los niños, se recomienda moderar el uso de estos elementos para transmitir mejor el mensaje.

Por ejemplo, la literatura es una excelente forma de hablarle sobre la sexualidad, pero su eficacia será poca si se evitan los nombres de las partes del cuerpo.

7. Cuidar la verosimilitud

La literatura infantil está llena de historias con animales parlantes y mundos mágicos. No obstante, ya sea que tu relato contenga elementos fantásticos o trate de hechos cotidianos, cuida la verosimilitud tanto como en las historias para adultos.

8. Ofrecer lecciones

Las fábulas contienen lecciones bien delimitadas al finalizar el relato, pero esta no es la única manera de transmitir enseñanzas. Una historia infantil bien escrita es capaz de entretener, al tiempo que envía al niño mensajes sobre diferentes valores y explica el funcionamiento del mundo.

Este artículo fue escrito por:

Zorayda Coello Freitas

Editora de Aguja Literaria



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