XLI
- Aguja Literaria

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Cielo, el mundo está
lleno de conejos y cada
espacio de tierra
les pertenece.
Los vi la otra noche
atravesando la calle
amenazando suicidamente
arrojarse sobre mi auto
y pintar de rojo las
abolladuras de mi corazón.
Cielo, eran tantos
que tuve miedo de sus orejas,
sus bigotes brillantes,
luz de luna
sus ojos cristales
en donde mi cara
veloz se dibujaba
una línea perpetua,
paralela,
en tu cuerpo acostado.
Porque tu voz
hecha enojo
fue la que sacudió
la cueva de los conejos,
tú los hiciste salir
de las profundidades
del cuerpo de la calle
las entrañas
viscosas de mi abdomen.
Tú y tu voz de espina
hecha insulto
temblor de fuego,
espasmo perpetuo
de alma
mi alma, cariño
que en mi auto teñido
por la sangre de los conejos
me pregunto
cuántos kilómetros,
cuántos metros,
centímetros,
incluso milímetros
existían para hacerme
más daño y distante
esa voz de tu cuerpo
y mis manos
temblorosas
queriendo tocar
los puntos de tu nariz.
Amor, el mundo está
lleno de conejos
y yo ni siquiera
he aprendido
a saltar al pozo
esquivo de tu perdón.
Escrito por:
Alexis Baros
Texto extraído de la revista Aguja Cultural N°1


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