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Historia 10. 50 Cuentos cortos para disfrutar


El mercado, como siempre, estaba abarrotado de personas, pero así se sentía más cómodo. Pasar desapercibido era lo mejor. Desde pequeño que las personas no le eran muy agradables, siempre se sintió una paria entre ellas. Entró a la tienda de colores, así le llamaba al puesto de especias más grande del bazar. Disfrutaba esos aromas, su mente se perdía imaginando los deliciosos manjares que se preparaban con la combinación casi infinita de condimentos, aceites y por supuesto el azafrán. La primera vez que fue a la tienda había robado un poco. Tocó su oreja partida al recordar cómo casi había perdido la vida en esa oportunidad. Su oreja herida le recordaba seguido su imprudencia. Para cuando volvió a la realidad, había desperdiciado unas cuantas oportunidades de volver a intentarlo. Ser un ladronzuelo y un soñador no eran muy compatibles, se lo había dicho en varias oportunidades su madre. Tenía que apresurarse en ir por comida de verdad, pues su estómago comenzaba a rugir, así que decidió ir por un poco de carne al puesto de shawarma donde siempre encontraba restos que dejaba del día anterior su dueño. No tardó mucho en llegar y comenzar a comer. Aún no estaba saciado del todo cuando advirtió cómo la escoba del dueño se dirigía hacia su cabeza…

El pequeño ratoncito corrió a esconderse como siempre lo hacía, para escabullirse por el pequeño hueco en la pared.





Escrito por:

La-Tercera-oreja


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