PERDIDA EN EL JUEGO


Los juegos del parque gritan. Se tapa los oídos. Hombres pirata le hablan: “Hola, pequeña. No te asustes. Ven, niña”. Desconfía de ellos. Lo que hicieron con esa niña, lo harán con ella.

Busca el pelo esponjoso de su mamá, el buzo a rayas de su hermano. Se marea, girando y buscándolos. Ellos pasan por los lugares donde recién se ha ido, no logran reencontrarse y nadie va ganando el juego. En algún lugar está ese hombre, esperando que se quede quieta, a su alcance.

Se deja llevar por la gente que suspende como humo el polvo que levanta. Le arden los ojos. Así atrapó a la niña, la revolcó en la tierra. Ella gritó, pero las luces giratorias enterraron su voz.

Los niños corren, la persiguen. El moreno no la suelta, no quiere que se escape, como un animalito que logró atrapar. Los niños son buenos, la han buscado por todos lados. Sudan y están agitados, la miran para que les siga el juego. Uno la toma de la mano, ella se suelta al sentir la textura pegajosa y áspera. Rodean el parque, pasan por los puestos de churros. Ve a su hermano al lado de los piratas, buscándola. Corre hacia él. Su madre le pasa un billete a cada niño. “¡Eso es trampa!”, piensa, pero no lo dice, ya no importa.

Escrito por:

Alejandra-Truffello-Hurtado



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