¿Qué mundos literarios existen? | Parte I


La literatura ofrece una salida de la realidad para olvidar por unos instantes cualquier tipo de problema que exista en la vida real, por eso es tan agradable sentarse a leer un buen libro; o escribir uno…

Como autor debes tener muchas ideas que deseas plasmar en una obra, algo que quieras comunicarle al mundo y con ello deleitar a tus lectores, pero ¿sabes qué tipo de mundo se te da para escribir? ¿Sabes qué son los mundos literarios? En un artículo anterior, Breve manual sobre los mundos literarios, te los mencioné y señalé a sus más conocidos representantes, sin embargo, es necesario que ahondes un poco más en el tema para que, al momento de escribir, sepas con exactitud qué mundo es el que estás describiendo y tengas los conocimientos pertinentes sobre ellos para que sean creíbles y atractivos.

Existen al menos diez mundos literarios conocidos a lo largo de la historia y que han sido utilizados por grandes y famosos escritores. Cada uno de ellos exige esfuerzos diferentes de imaginación, pero ¿qué son? La definición formal de mundo literario es: todo conjunto imaginario de leyes y principios reguladores de una realidad representada únicamente a través del lenguaje. Así es, son mundos ficticios que se vuelven reales en la imaginación con la ayuda de la escritura. Vamos a revisarlos en detalle y a leer algunos ejemplos:

Mundo de lo real cotidiano

Representa al mundo tal como lo conocemos, con todas las leyes, limitaciones y principios de la realidad. Rige la temporalidad secuencial (sucesos en orden) y por ende la ley de causa y efecto. Tal como los hombres reales, los personajes nacen, viven y mueren. El narrador se preocupa de representar la realidad de manera fiel, el diario vivir y el día a día tal como podría suceder en la vida real. Los detalles y descripciones son muy importantes, como también las características y conflictos humanos de los personajes.

Ejemplo:

Mientras Murat y Milodarowicz hacían gala de su estupidez bajo bandera parlamentaria, un buen día los rusos atacaron a los franceses y estos huyeron a todo correr asombrándose de que no les capturaran a todos, pues ya no podían luchar como antes. Y no les capturaron a todos porque Kutúzov encomendó la operación a Bennigsen, y para favorecerle no le dio tropas, con lo que enfureció a Bennigsen, quien además llegó tarde. Y porque fuera de las líneas, Shépelev organizó una orgía en la mansión de un terrateniente donde se divirtieron hasta la noche y donde incluso los generales bailaron. Todos eran buenos generales y buenas personas que no se habrían atrevido a relatar sus danzas e intrigas, pero resulta enojoso que ellos mismos escribieran con estilo pomposo acerca del amor a la patria, al zar y demás sandeces, cuando en esencia estaban pensando preferentemente en los banquetes y las bandas azuladas y rojizas. Esta aspiración humana no puede discutirse, pero hay que hablar de ella claramente, pues si no se hace, se inducirá a error a las jóvenes generaciones, que observan con perplejidad y desesperación la flaqueza que encuentran en su espíritu, al contrario que en Plutarco y en la historia patria, donde ven únicamente héroes.

La guerra y la paz, León Tolstoi

Lo relatado en el fragmento es algo que perfectamente pudo haber sucedido en la vida real.

Mundo fantástico

Dos de los elementos para lograr la concepción de este mundo, son el quiebre de las normas y leyes del realismo, y un golpe sorpresivo a las expectativas del lector, quien espera que la estabilidad del realismo se mantenga.

En el mundo fantástico el autor pretende generar extrañeza, la sensación de no comprender lo que está sucediendo y mucha confusión, tanto que en ocasiones el lector debe devolverse algunas páginas para cerciorarse de lo que leyó anteriormente y encontrarle sentido. No significa que el relato sea incoherente, solo que sorprende al lector de manera inesperada rompiendo de pronto con la lógica. Un excelente exponente de este mundo es Julio Cortázar.

Ejemplo:

Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.

Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que solo ellos, los motecas, conocían.

Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. (…) En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.

―Se va a caer de la cama ―dijo el enfermo de la cama de al lado―. No brinque tanto, amigazo.

La noche boca arriba, Julio Cortázar

En este fragmento nos presentan una situación muy común: una persona hospitalizada. Sin embargo, los sueños que tiene son demasiado reales, lo que nos deja espacio para preguntarnos, ¿qué es lo real en este relato?

Mundo maravilloso

No presenta una amenaza para la realidad, a diferencia del mundo fantástico, pues existe en un plano completamente propio y aislado, con leyes y principios válidos solo para su contexto. Aquí tienen lugar los cuentos de hadas, la magia, los reinos legendarios y las torres custodiadas por dragones.

Un gran expositor es Lewis Carroll, con su famosa obra: Alicia en el país de las maravillas.

Ejemplo:

El Gato sonrió al ver a Alicia.

Parecía tener buen carácter, consideró Alicia; pero también tenía unas uñas muy largas y un gran número de dientes, de forma que pensó que convendría tratarlo con el debido respeto.

―Minino de Cheshire ―empezó algo tímidamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el cariñoso tratamiento; pero el Gato siguió sonriendo más y más―. ¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?

―Eso depende de a dónde quieras llegar.

―A mí no me importa demasiado a dónde.

―En ese caso, da igual hacia dónde vayas.

―Siempre que llegue a alguna parte.

―¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte.

A Alicia le pareció que esto era innegable, de forma que intentó preguntarle algo más:

―¿Qué clase de gente vive por estos parajes?

―Por ahí vive un sombrerero; y por allá, vive una liebre de marzo. Visita al que te plazca: ambos están igual de locos.

―Pero es que a mí no me gusta estar entre locos.

―Eso sí que no lo puedes evitar, todos estamos locos por aquí. Yo estoy loco; tú también lo estás.

―Y ¿cómo sabes tú si yo estoy loca?

―Has de estarlo a la fuerza, de lo contrario no habrías venido aquí.

En el mundo que conocemos, los animales no hablan, tampoco sonríen ni entregan direcciones, por lo tanto, claramente Alicia se encuentra en un lugar mágico del cual el lector siente ansias de conocer sin dudas sobre su existencia, ya que decide entregarse a la obra bajo el pacto de ficcionalidad.

Aún quedan mundos que conocer, ¿quieres saber cuáles son? ¡Te invito a leer el siguiente artículo!

Artículo escrito por:

Claudia Cuevas Moya

Coordinadora de edición de Aguja Literaria



Ver otros artículos sobre "Tips para Escritores"


#Escribir #MundosLiterarios #Credibilidad

211 vistas1 comentario