Fuego
En este poema, Carmen Moya Leiva explora el fuego: una fuerza ancestral asociada tanto a la energía y la sabiduría como a la destrucción.

Amigo del frío no eres…
del hielo ni del agua,
sin oxígeno
nada eres, requieres combustión,
es tu alimento.
No quemas arenas, fangos, menos rocas,
tu energía explota
entre calor y luz.
Dejas huellas, cenizas, humo y daño,
son marcas indelebles a tu paso.
Habitas en volcanes,
eres corazón eterno
del sol viviente,
allí danzan tus llamas,
respiras ardiente,
exhalas tus poderes…
pregonas la vida
y amenazas de muerte.
En áridos desiertos
débil es tu presa,
tórrida tu garra
siempre ganas,
confundes tus alcances,
te sabes necesario…
se requiere calor
en múltiples faenas.
Representas un símbolo ancestral
de energía y sabiduría,
útil en la batalla,
cruel en la tortura,
ruin en los siniestros.
Extraña dicotomía…
ese es tu destino, ser daga de muerte
también… dádiva de vida.
Por Carmen Moya Leiva
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Este poema forma parte de la tercera edición de Aguja Cultural, una publicación dedicada a reunir literatura, entrevistas, ensayos, relatos y otras expresiones culturales.
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