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La luz que agoniza

hace 6 horas
1 min de lectura

Hay pérdidas que desafían el orden natural de la vida y dejan un vacío que las palabras apenas alcanzan a expresar.


Este poema fue publicado originalmente en la cuarta edición de Aguja Cultural.


Un robot y una persona contemplan un río junto a una cabaña, en una ilustración del cuento «Aceitoso».

Cual gastada vela te apagas día a día

frente a quien te tuvo en el pecho, así apegadita.

No es justo que tú me precedas

no es justo que yo no me vaya

no es justo ni digno ver… cómo te marchas.

 

Largas noches te cuidé de niña

y a mis ochenta velarte es suicida

desgarra mi alma el ver que no comes

acecha mi infierno, ya no me conoces.

 

Prometiste cuidarme hasta que yo muriese

invertiste el papel, hoy de pena esculpiese

una cura, un deseo de volverte a la vida,

un remedio, un alivio al dolor que te agita.

Mi pequeña mujer te me vas y me dejas

tan vieja, tan pobre, del amor que te diera.

Mi pequeña mujer, mi compañera de onces

te me marchas mi niña… se acaba mi norte.

 


Por Inés de Cervantes



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revista n°2 Aguja Cultural

Este poema forma parte de la cuarta edición de Aguja Cultural, una publicación dedicada a reunir literatura, entrevistas, ensayos, relatos y otras expresiones culturales.


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