top of page

Entérate de concursos, publicaciones en el Blog y más.

Haz click aquí para enviarnos tu texto:

Aceitoso - Parte I

hace 11 minutos
4 min de lectura

Un hombre que lo ha perdido todo encuentra compañía en un viejo robot. Hasta que un descubrimiento inesperado pone a prueba la vida que ambos han construido.


Publicado originalmente en la tercera edición de Aguja Cultural, te invitamos a leer este cuento de Danny Navarrete.


Ilustración de una niña sentada contemplando un paisaje luminoso que evoca la imaginación y la reflexión.

—No deberías beber tanto, Tomás Óliver.

—Dejaré de beber cuando te salga un lunar, Aceitoso —protestó el hombre con la ponzoña de siempre.

Y es que, después de treinta años juntos, todavía odiaba su voz artificial.

El robot volvió su cabeza de metal hacia la montaña que tenían al frente, sin que el amarillento brillo de sus ojos cambiara en lo más mínimo. En una de sus manos tenía la cerveza que su propietario le había dado al finalizar las faenas de esa tarde. Como cada día, la abrieron al mismo tiempo y Aceitoso la mantuvo entre sus oxidados dedos hasta que el hombre bebió la suya por completo.

Así pasaban las cortas tardes magallánicas, después de lavar por horas arena del río Las Minas para encontrar apenas unos cuantos gramos de polvillo de oro, o alguna ocasional y diminuta pepita. Mucho tiempo atrás, esta había sido una actividad que Tomás realizaba junto a su hijo, pero desde que él y su esposa murieron durante la pandemia, su única compañía era el destartalado robot AF-18 que encontraron medio enterrado cerca del basural y que el pequeño se encargó de restaurar en sus tiempos libres después de clases.

Todo cambió a partir de esos días. El padre, devastado, se sumió en una profunda depresión que desembocó en el alcoholismo, mientras la ciudad crecía y se llenaba de todo tipo de androides y máquinas automatizadas que no hacían más que recordarle a su hijo fallecido, y su ardiente afición por la robótica y la tecnología.

—En el futuro, todos tendremos uno —le dijo con entusiasmo un día en que jugaba con su anticuado robot—. Estarán en las casas y en el ejército, conducirán nuestros vehículos, trabajarán en los hospitales y fábricas por igual. Nos ayudarán en cada aspecto de la vida. ¡Será genial!

Ni esos robots médicos, ni las supercomputadoras de los laboratorios de las que tanto hablaba, lograron detener la rápida y letal tercera ola del coronavirus. El virus se lo llevó y Tomás quedó solo con el destartalado AF-18 que sería su herencia.

Porque, antes de ser hospitalizado, su hijo le pidió que cuidara de su robot hasta que él regresara.

Pero no regresó. Murió dos días después que su madre.

Cuando lo llamaron para darle la noticia, tomó una radical decisión: vendió la casa y la camioneta, y se mudó al refugio minero que construyó en su juventud, llevando solo al viejo AF-18 todo manchado por las muchas filtraciones en sus servomecanismos. Por eso lo bautizó como Aceitoso.

—Mátame —dijo al robot una noche después de varias copas del whisky más barato que pudo encontrar, sobrepasado por la aversión al mundo tecnologizado que no hizo nada cuando lo perdió todo.

—Tomás Óliver, mi programación no me permite cumplir esa orden.

Le había gritado un montón de groserías y llegó a propinarle un puñetazo que casi le quebró su mano, antes de partir tambaleándose a la cama a dormir la borrachera.

Y el robot seguía ahí cuando despertó.

—Tomás Óliver, existe evidencia de que el consumo excesivo de alcohol está asociado a una serie de…

—Cállate y bebé algo. —Le dio su primera cerveza esa tarde.

—Tomás Óliver, mi sistema no está diseñado para consumir ningún tipo de alimento o bebida.

—Entonces ve y tírate al río.

—Tomás Óliver, mi programación me impide provocar mi propia destrucción.

Recordaba haber estado a punto de estallar cuando tomó una lata para él.

—¿Podrías abrirla y tenerla en tu maldita mano hasta que yo me termine la mía? Después, si quieres, la vacías por ahí.

El robot no protestó. Abrió la cerveza y se quedó con los ojos brillantes perdidos entre los árboles nevados.

—Siéntate. —Señaló uno de los troncos que usaba como banca—. Me molesta verte parado igual que una horrible estatua.

—Tomás Óliver, estoy programado con múltiples funciones. Podría…

—¡Solo siéntate! —interrumpió con un gruñido y el robot obedeció sin chistar.

Con el paso del tiempo y las sucesivas actualizaciones que recibía cada vez que lo acompañaba a la ciudad —en medio de los cerros no había conexión a internet—, su vocabulario fue haciéndose menos rígido y su comportamiento menos servicial. Aprendió a entablar conversaciones coloquiales o permanecer en absoluto silencio cuando era preciso. Por otro lado, comenzó a preocuparse más por la salud de su dueño. Ya no hacía comentarios educativos sobre sus hábitos de vida, pero sí se encargaba de mantener la estufa a leña encendida, de ayudarle a llegar a la cama cada vez que el alcohol aturdía sus piernas y de siempre tener un estofado de conejo o una sopa caliente. Era buen chef y hacía milagros con lo que fuera que encontrara en el bosque.

Él mismo se preocupaba de su mantenimiento. Tomás solo debía comprar las herramientas que necesitaba y Aceitoso hacía el resto. El robot nunca solicitó ayuda para nada.

Pasaron así veinticinco largos años, hasta que un día al hombre se le ocurrió adentrarse en el bosque. Estaba cansado de partirse la espalda lavando arena y decidió buscar suerte entre los cerros. Después de horas caminando, el detector de metales encontró algo en una pedregosa ladera desnuda. Tomás raspó un poco la roca y contuvo su entusiasmo hasta que Aceitoso la examinara con más cuidado.

—Tomás Óliver —afirmó el robot—, has encontrado un filón de oro.


Continuará...


Por Danny Navarrete


¿Qué ocurrirá con Tomás y Aceitoso?

La historia continúa en el número 4 de Aguja Cultural, que se publicará a comienzos de octubre.



Sigue leyendo en Aguja Cultural

revista n°2 Aguja Cultural

Este cuento fue publicado originalmente en la tercera edición de Aguja Cultural.


Si disfrutaste esta lectura, encontrarás muchos más contenidos en Aguja Cultural:













Comentarios


Entradas destacadas
Entradas recientes
bottom of page